
MAGAZÍN FACULTAD
UN ESPACIO PARA COMUNICAR_NOS
DANIELA BOHÓRQUEZ BORDA
Líder de Comunicación
bohorquezdaniela@unbosque.edu.co
Psicóloga y especialista en psicología clínica y autoeficacia personal de la Universidad El Bosque, y magíster en psicología de la Universidad Católica de Colombia. Docente investigadora en consumo de sustancias psicoactivas, líder de Comunicaciones y Líder de Egresados y graduados de la Facultad.
CARTELERAS DE LA FACULTAD EN SUS TREINTA AÑOS
La contribución de la evolución por selección natural de DARWIN a la psicología y los nuevos avances
Teoría de la estrategia dual
Ecología-Evolución-Desarrollo
Diferencias individuales, explicación evolutiva
Consumo, una explicación evolutiva
Versos ilustrativos de la evolución y la psicología
Mirada evolutiva
a la psicología clínica
… y por qué no
Psicología Evolutiva Jurídica?
Palabras de Carlos Mario Salamanca (graduado de honor) en la ceremonia de grado del 27 de septiembre de 2024
Buenos días.
Un saludo especial a la estimada comunidad académica y graduandos/as de las diferentes especializaciones que comprenden los departamentos de Psicología, Enfermería y Odontología. Sobre todo, a las familias que nos acompañan el día de hoy.
Un saludo a la Rectora académica, la Dra. María Clara Rangel
El vicerrector administrativo, el ingeniero Ricardo Gutiérrez y el Vicerrector de investigaciones, el Dr. Gustavo Adolfo Silva Carrero.
Al Dr. Juan Carlos Sánchez Paris de la División de Posgrados y Formación Avanzada
Y por supuesto a los Decanos presentes:
Al Dr. Herney Alonso Rengifo, Decano de Odontología. A la Dra. Maritza Silva Serrano, Decana de la facultad de Psicología y al Decano de Enfermería, el doctor Miguel Antonio Sánchez Cárdenas.
Hoy nos convoca el poder homenajear y celebrar el conocimiento y los saberes adquiridos de quienes nos graduamos hoy. De reconocer los logros y los esfuerzos, pero también de una alta responsabilidad para con nosotros y nosotras, como también para una realidad y un país con altas necesidades de cuidado. ¿Qué nos convoca hoy más allá de este título y este reconocimiento merecido por todas y todos? ¿Qué nos une a este grupo de profesionales de la salud, enfermeras, odontólogas y psicólogas? Si hablamos de salud es imposible no pensar en los diferentes ejercicios de cuidado que cada uno y cada una profesa y practica desde su profesión. El cuidado. Un ejercicio muchas veces infravalorado en una sociedad tan competitiva desde lo social, político y económico. Nos convoca aquello que desde nuestros orígenes nos hace genuinamente humanos. Con aquel afecto unificador que nos define como familia, como tribu, como comunidad y sociedad. Sin el cuidado no habríamos podido sobrevivir por más de 2 millones de años. Por eso aquí y ahora conmemoramos el ejercicio de cuidar.
Al hablar del cuidado, nos resulta imposible no hacer un recorrido por las propias vidas, por las propias experiencias. De pensarnos, de alguna manera, cómo fue que llegamos hasta acá. Esto sin pretensión de ponernos muy trascendentales. Pero es que llegamos acá por medio de un acto de amor, y no hablo solo sobre nuestra concepción. Pero si lo pensamos desde ese lugar, podemos pensar que somos seres pensados. Es decir, somos criaturas a las que ya se venía pensando su existencia, probablemente antes de nacer. El hecho de ser concebidos significa que fuimos atravesados por una serie de expectativas, de anhelos, de deseos, de sueños e imaginación, por parte de otros que nos antecedían en la existencia…nuestros padres, madres y otros cuidadores. Todos esos anhelos y deseos se concretaron en un nombre, en una imagen… en un ser en el mundo. Con todo lo que eso implica. Y así aparecimos en este escenario. En un lugar donde ya éramos antes de serlo.
Crecimos dentro del cariño y el afecto, pero también en medio de la turbulencia y la tempestad, en un lugar tan único como el país en el que habitamos. Con todo lo que eso implica. Las personas que nos acompañan hoy en día, aquí, seguramente son aquellas personas que nos acompañaron y nos apoyaron en el hermoso, pero a la vez difícil tránsito de la vida. Veníamos pintados de colores, pero se nos dio la paleta para que nosotros y nosotras continuáramos con la obra. Desde allí, muchos de ellos y ellas han renunciado a sus deseos y anhelos para aceptarnos y querernos en nuestra forma tan única de ser. Seguramente eso es el amor. Cuidaron de nosotros y nosotras y aquí están a nuestro lado. Son esos rostros que sonrieron, que lloraron y a veces se enojaron con nuestras formas de caminar. Aun así, aparecieron con sus manos y nos ayudaron a levantar, a dar los primeros pasos y a superar las caídas de la vida. A algunas nos enseñaron a montar bicicleta, a prender el fogón, a poner a hacer el café, doblar la ropa y rezar en las noches. A estar pilas pa que no lo roben y a ser justos con quien ofrece su apoyo y camaradería. Ellos y ellas cuidaron de nosotras para que podamos estar aquí. Respirando, soñando y anhelando. En ultimas, para que vivamos enamorados de la vida. Para que vivir no solo sea tolerable, sino también un gozo declarado cada día. Así aprendimos a saludar al vecino, a escuchar a la profesora, a ceder el puesto, a reconocer los propios errores y abrazar a todos estos amigos y amigas que nos acompañan. A entender que el orgullo es la mejor mercancía de intercambio para gastar en el cariño y afecto hacia el otro. El cuidado acompaña el para que estemos hoy aquí caminando en el mundo.
En ese sentido es imposible pensar en cuidado sin pensar en el amor. Es lo que hacemos más allá de nosotras mismas. Ha estado presente siempre y quizá es una de las cosas que mejor sabemos hacer o queremos hacer, pues como diria Silvio Rodriguez, el amor engendra la maravilla.
Cuidar es acompañar al otro, en su singularidad. En su forma única de ser. Es amarlo y procurar que su vida tenga las condiciones mínimas para vivir, si bien no necesariamente en felicidad, que no deja de ser importante. Pero por lo menos en dignidad, que es del todo vital. Que su vida valga por si misma y ese valor no pueda ser arrebatado por nada ni nadie. Nuestro deber no es simplemente aliviar el dolor, sino insistir en que podamos vivir en bienestar.
David Rieff, escritor norteamericano, en su libro “Una Cama para la noche: Humanitarismo en crisis” decía:
"Todas las principales tradiciones religiosas aceptan que el sufrimiento y la muerte son simplemente parte de la vida. El profundo radicalismo de la acción humanitaria es su creencia de que la gente no está hecha para sufrir".
Entonces, allí donde crecimos agarrándonos a golpes desde el jardín, por ser mejor que el otro, a envidiar sus cualidades, a despreciar a quien no tiene y admirar al que lo tiene todo…pensando en silencio como hacerle zancadilla y robarle el trono. Aquella competencia despiadada que ha dividido al mundo en ovejas y leones y en medio de esa lucha, ese agite y ese afán, la vida se va perdiendo en el horizonte. Vamos así enfermando y perdiendo contacto con la humanidad del otro. Con los abrazos, los besos y las tardes parqués….con el echarnos en el pasto e imaginar figuritas con las nubes del cielo. Con las primeras palabras de las hijas, y los dibujos que nos hicieron los nietos. Cuidar, es volver a tejer puentes con los otros. Con aquellas sonrisas y gestos de amor. Con reconocer que nos necesitamos. Cuidar…es un acto de resistencia…. de volver a poner la vida en el centro, diría Silvia Federici.
Recordar porque estamos acá involucrados con el cuidado nos lleva a nuestros orígenes y si se quiere a nuestros ancestros. A todas estas experiencias que nos han marcado la importancia de responder a las necesidades del otro y facilitar el que pueda brillar con luz propia. A conectarnos con la vida. Hoy la academia nos ha reunido para pensar y reflexionar en torno al cuidado.
A cuidar la mente, el cuerpo. En definitiva, todas las especializaciones que celebramos hoy día su culminación, fomentan la manera como recalcamos el habito del cuidado. Dicen que la enfermería es el corazón de la medicina. Es decir que imprimen en la salud no solo sus conocimientos sino también el afecto y la compasión por el doliente. En mi experiencia el medico evalúa y receta…y el enfermero sostiene en el dolor. Acompaña en el sanar. Seguramente sin aquel apoyo, el medicamento bailaría por el torrente sanguíneo, sin rumbo ni dirección. Cuantas angustias no se despejarían sin el saber y afecto de las enfermeras y los enfermeros. De aquellas madres al parir, de aquellos hijos e hijas al nacer. Incluso, se han ideado maneras de poder acompañar desde la virtualidad, pues si algo nos enseñó la pandemia es que no hay barreras para procurar el cuidado. Frente al cuidado oral. ¿Cuántas enfermedades terribles en la historia nos han prevenido los avances en la odontología? Seguramente no podríamos gozar de tantos años de vida. Aunque debo confesar que aún me pregunto si era necesario estar 7 años con braquets. Psicólogos y psicólogas, que importante es manejar el arte de la escucha. Desde el ámbito clínico, organizacional y comunitario, entendemos que es imposible sanar y desenvolverme en el mundo sin sentirme reconocido por el otro.
En todas estas disciplinas, ejercemos aquello que tan de moda esta nombrar..la empatía. Creemos que la empatía es el disco rayado que nos vienen repitiendo desde pequeños y pequeñas. Ese “trata a los demás como quieres que te traten” o “ponte los zapatos del otro”. Que gran mentira al entender que el otro no quiere lo que yo quiero y que los zapatos que tanto le tallan al otro le quedan perfectos a uno. Empatía no puede ser que yo me despoje de mi cuerpo y me ponga el de otro. El que reemplace mis recuerdos, mis experiencias, mis dolores y mis gozos por los de otro. Esa es una tarea imposible. Empatizar sería más bien ser consciente de mí mismo, de mí misma y de saber que más allá de mi hay muchos mundos posibles. La valentía está en atreverse a conocerlos como quien conoce una ciudad nueva y desconocida. Como quien entra a un templo ajeno. En silencio y con respeto. Solo así conocemos al otro. Sus dolores y alegrías, sus necesidades y sus capacidades para afrontar la vida. Allí nos sentamos. En silencio y con respeto. Qué curioso que paciente nombramos a quien consulta y no a quien atiende.
En definitiva, estamos aquí para celebrar el cuidado por el otro. No queda más que agradecer a todos los presentes por dedicar sus vidas a procurar el bienestar de una sociedad. En mi caso a mi familia aquí presente, y a las compañeras y amigas que me han acompañado con tanto cariño y querer. Santi, siéntete incluido. No es el título el que nos define, sino lo que hacemos con él. Pues como canto alguna vez Víctor Jara:
Yo no canto por cantar, ni por tener buena voz, canto porque la guitarra tiene sentido y razón.
De esta manera, cuidar tiene sentido porque nos hace humanos. Porque nos rescata de la avalancha del sálvese quien pueda.
Que este logro sea para ustedes, sus familias y también para los docentes que acompañaron este camino.
Muchas gracias.